Índigo | Conversación de a tres
¿Son los diarios una "literatura anexa"? ¿De qué sirve escribir la vida? En una conversación de gestación, profundizamos en lo que significa escribir diarios para nosotras, mujeres.
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Conversación de a tres

Conversación de a tres

Los diarios, la literatura intimista, la poesía autorreferencial son nuestro contacto cotidiano con la palabra. Lo que para nosotras es lo natural (esta escritura que nace pura del cuerpo) ha sido considerado por las industrias culturales y académicas una suerte de entrenamiento: una escritura anexa y poco relevante que solo cobra interés después de la vida. Desde Índigo queremos reconocer que los diarios, las correspondencias, el ensayo personal, la poesía del yo son algo más que simples bocetos: en su crudeza reside la realidad, si es que la realidad existe más allá de nuestra propia mirada.

El diario es una ventana desde la que observamos el mundo. También es un refugio y volvemos a él una y otra vez para anotar los sinsentidos. O un dolor, o una visión que no queremos que se nos escape y toma forma sobre las páginas. En los diarios (diremos diarios, porque en él caben las cartas, los ensayos y los poemas) construimos una memoria que sabemos que se diluye en los días, y en ese proceso de —mejor dicho— reconstrucción, lo vivido se hace ficción: es inevitable. Es esta escritura de la memoria y de lo cotidiano lo que nos ayuda a avanzar por el camino que lleva al centro de la experiencia.

Cuando nos preguntamos por qué escribimos diarios reconocemos que nos hacen sentir bien, que escribir nos salva y nos seduce, incluso a veces nos aísla y nos somete. Escribir puede serlo todo. Ahora también nos interesa saber qué pasa con nuestra escritura cuando supera la frontera del yo y entra, de lleno, en el mundo del otro: creemos que se convierte en experiencia universal en cuanto quien nos lee se encuentra en nuestras palabras. Nos tienta, también, la idea de poder explorar las escrituras de la intimidad desde lo transversal: de la academia y los autores de teoría a las ideas de quienes hicieron de sus cuadernos personales una filosofía de vida.

Durante el proceso de gestación de Índigo, hablamos mucho, nos escribimos cartas enteras, descubrimos nuevas autoras, leímos también los diarios salvajes de algunos hombres. Fueron charlas fructíferas sobre cuál era nuestra misión respecto de la literatura íntima y de la mujer, de aquellas que la transmodernidad y su vorágine no nos permiten tener tan a menudo como desearíamos. Queremos compartir con vosotras algunos fragmentos de aquello.

 

 

O:

De pronto, me descubrí contando todo para ser amada. Editando mi diario de viaje para ser leído. Me descubrí desvelando secretos por amor. Y no. Dando las llaves de todas mis puertas a las personas equivocadas

como escritoras de diarios deberíamos reflexionar sobre qué contamos.

y cuál es la razón última de contar(nos)/lo.

qué contamos.

qué puertas cerramos y cuáles abrimos.

tiene que haber conciencia ahí porque si no,

como escritoras de diarios,

sencillamente desapareceremos en lxs demás.

(o una buena oportunidad para descubrir por qué escribimos diarios.

y si nos gusta lo que descubrimos, seguimos la pista, la seguimos.

si no nos gusta, ¡la seguimos más todavía, la seguimos!

profundizar en lo cómodo

en lo incómodo

profundizar

a diario

y rescato una pregunta que hizo M:

¿debemos ser justas con nuestra idea de los otros?

porque no estamos solas en nuestro mundo escribiente.

y preguntaba C

¿nos tenemos que autocensurar?

¡pero deberíamos poder escribir como si estuviésemos solas en nuestro mundo escribiente!

¿o no?

¿estamos solas cuando escribimos y acompañadas cuando vivimos

estamos acompañadas cuando vivimos y cuando escribimos

estamos solas cuando escribimos y vivimos?

 

C:

El diario sirve, como la poesía, para interrogar a la vida. Su fuerza radica en esa conversación que parece unilateral, pero en la que participan tantos elementos que resulta casi cacofónica.

Como escritora de diarios, le pregunto a los demás, al día, a la materia, al dolor. Les pregunto: qué es de mí en el mundo, qué es de este mundo conmigo adentro. La pasión del diario es encontrar esas voces y llevarlas al papel. Hallar respuestas o inventarlas, ¿no es acaso lo mismo?

No deja de ser íntima nuestra relación con el mundo y la escritura si publicamos un diario. Acaba siendo una intimidad compartida, pero en la que siempre es posible encontrar refugio, encontrar distancia. Porque como en los géneros que formalmente se entienden como ficción, en el diario también existe la ficción. El código. El secreto y el subtexto. Es ahí donde reside el poder de quien lee para apoderarse más o menos de la intimidad de quien escribe y, en definitiva, llenar esos huecos con su propia imaginación, con su propia vida, con su propia intimidad.

Decidimos qué decir y qué callar. Qué instantes salvamos del olvido y cuáles rescatamos. Siempre modificamos nuestros recuerdos y ese poder, en la escritura de un diario, es más acuciante. Cómo trasladar lo que ocurre y, al mismo tiempo, el significado de lo que nos ocurre. El significante arrastra con él sedimentos de la experiencia, de la mirada, del subconsciente. Así, se teje una historia única, tan propia y tan íntima, que termina siendo universal.

 

M:

Tuve un maestro maravilloso que me hacia luchar todos los días contra el “yoísmo”. ¿Qué de mí es único y a la vez universal? ¿Cómo hacemos que el EGO no caiga en el narcisismo y deje de ser interesante? La poesía, por un lado, ayuda al ego a hacerse algo universal. La honestidad. ¿Seguiremos avanzando en esto? ¿Cuál es la posición del yo ante el mundo? ¿Qué, de lo que salvamos a diario en nuestros cuadernos, puede o deber ser leído como literatura? ¿Qué diferencia un hecho cotidiano de perderse en la marejada de los días o de salvarse en un libro? Un café, una lluvia, una palabra. ¿Qué, exactamente qué, dice algo lo que fuimos una vez nosotros, los que habitamos este mundo, cuando ya no estemos?

 

 

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