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Diarios

Hay una ligereza en el mundo. Una ingravidez. Algunos días son leves y eso significa que no he pensado durante un día ...

(Por Gabriela Müller)

Treno Enna – Palermo

partir es construir una casa. bologna nació cuando la vi alejarse desde lo alto.

hablamos del caos, de cómo todo era tan simples y viajar tan sencillo y sabemos

que solo partimos, una y otra vez, para regresar. las dudas y los miedos crecieron con nosotros, la noche se hizo más densa y más oscura pero nosotros más sábios.

hablamos de casa, de lo que eso significa y entendimos que casa es la gente

querida como un espejo y los mensajes de te quiero en las entrelineas. es la ciudad que nace de la nada, del negro, de la oscuridad, entre puntitos de luz que se deshacen veloces y los hogares enmarcados por ventanas, expuestos al mundo, que dan a la línea

del tren. es redescubrirse capaz de compartir con desconocidos el temblor de la tierra en la madrugada, escucharse y entenderse en el silencio en el sudor en la fiebre y en el frío. es darse la mano a kilómetros de distancia, a una mirada de distancia. es

observar el fuego y empaparse de humo, mirar las estrellas, los relámpagos y las nubes como cuando éramos niños. es una canción de cuna en francés y la paz de cerrar los ojos y caer en un sueño sin recuerdos para luego despertar con el vapor del café en una

casa de madera, construida con las manos y los años, y perderse en el bosque de las historias. casa es aceptar el lenguaje orgánico y todo lo que se pierde para ganar.

Cefalú

No puedo escribir sin caer en la abstratez de las palabras imprecisas, del no

decir nada diciendolo todo. que ha pasado en estos quatro dias y medio de fuga? porque tanto miedo a las cronologias, a las lineas rectas y precisas, porque esta ancia de formas organicas, los movimientos del agua, el murmullo de las borbujas blancas sobre

la capa de cristal, la superficie del mar.

deshilemos la historia desde el principio: un avion al amanecer, un amor de

mujer mayor y el muchacho perdido en la tentación de saberse tan joven (solo alli, al lado de aquella mujer que lo invita a cenar a su casa). Despues caminar la ciudad de las incertezas y los porques, tantos porqués: aqui, ahora, para qué? huyamos de la ciudad,

huyamos de las casas podridas y de las miradas desiertas de amor, manos desiertas de monedas y estomagos desiertos de alimento. Pero antes los dialetos y la fruta, los muchachitos en el motociclio y yo en el medio, que hago yo en el medio ? –

una fragolina.

No nos queda mas que todo: la musica, un saxofone y la sangre africana, todo el ritmo, todos los ritmos. Ante la promesa de la lluvia una torta para adozar el otoño, las cenas en conjunto y entender que todo está bien cuándo estamos juntos. Pero aun no manejo

el presente y vuelo sobre las historias de otros, sobre la historia que construyo ahora mismo en un pueblo de la isla donde los barcos sobre la arena, donde los gatos negros al sol (y su mirada de piedra y bruja), y las gaviotas en los tejados donde un viejito

de sombrero y abrigo negro, encogido en lo que le resta de cuerpo, busca compañía con migajas de pan. En la montaña hubo un hogar, pasamos frio pero supimos que todo estaba bien porque somos inmunes a la noche. Nos contamos la vida y supimos del miedo, reconocimos

el miedo, compartimos las dudas y también las certezas.

Veinte minutos de diluvio. Quizás el desamor haya venido a enseñarnos a tender las manos.